Archive for the 'En Español' Category

LAMENTO

Posted in En Español, Writing and Poetry on April 12th, 2008 by Angel

La carga de recuerdos apilados
A lomos de mi cuerpo y armadura
Aunados a la percepción que augura
A esta triste figura de Cervantes
Quijote de los ánimos andantes
Los puntos suspensivos de futura
La contraportada de un recuento
Caerá como las últimas de otoño
Las hojas que arrastradas por el viento
Son el cadáver de lo que fue un retoño

Me siento aquí, a la orilla de este lago
Arde en mis pupilas un lamento
En rachas de injusticia me deshago
Extracto de dolor es el momento
Que no hay más que este eterno desconsuelo
Que no hay más que memorias de una risa
Y sombras que se arrastran por el suelo
Presagios del gran buitre que aterriza
Que sobre mi cadáver se aposenta
Que sobre mi silencio se derrama
Que a través del hilván de otra violenta
Mercenaria inquietud me desinflama
Mis ímpetus se lleva para siempre
Hacia la noche eterna que me aguarda
Cuando cante emplumada la serpiente
Cuando en vano fulgor el hielo arda
Cuando en el horizonte se halle un hueco
Cuando no quede más que otra emboscada
Punto final donde se extingue el eco
Martirio errático de la jornada

Allá esperaré como si nada
A que me alcance rapaz pero sin prisa
Vejez o enfermedad inesperada
Eventualidad que me desprenda
De este fugaz regalo que he bebido
Que he tocado, masticado y escupido
Libertad en que me hallo sumergido
Existencia del todo planetaria
Del todo efímera, del todo agraria
Burlesca incomprensible e insensible
Merodeante y retórica, insensata
De todo y de nada predecible
Alegórica y bruja enajenada
Aquella lágrima tornasolada
Que en la faz de una verde hoja se posa
Y que al evaporarse me destroza
Me desgrana y se lleva mi alborada
Mis esperanzas en la madrugada
En el momento en que el cielo se hace negro
Segundo en que el olvido me suplanta
Sobre el desierto el polvo se levanta
Y la rugosa opacidad del viento
Sin cantar, ni mentir, me vuelve nada

~A.V.

PROGNOSIS

Posted in En Español, Writing and Poetry on March 5th, 2006 by Angel

:: :: ::

Me gusta estar aquí porque es tan diferente… Los sofás son de piel café, suaves, mullidos. La mesita es de mimbre, hay plantas, y máscaras africanas en la pared. Luciérnagas vuelan entre los restos de jungla que rodean este espacio. Música clásica endulza el ambiente mientras espero.

Más allá la obscuridad es impenetrable.

Llaman mi nombre. Es hora de pasar al consultorio. La enfermera me devora fríamente con sus ojos de turquesa, su peinado excesivo se eleva hasta el cielo, rodeado de nubes a su cumbre. De pronto llueve sobre sus hombros, mojándole el uniforme. El breve aguacero pasa y brilla el sol en sus montañas. Pájaros cantan como si acabara de amanecer.

“Párese aquí por favor”. Me subo a la balanza y sus manos expertas juegan con los contrapesos, investigando la intensidad de mi enlace con la tierra.

“No se observan signos de anti-gravedad” dice como para sí misma mientras escribe. Me toma del codo y emprende la carrera, me elevo como una cometa por los aires mientras ella corre cuesta abajo por la verde pradera, jalándome del brazo que se ha convertido en un hilo. Desde aquí arriba puedo ver un gran lago de plata y percibo el murmullo de los bosques al otro lado, adivinando las criaturas en sus ramas que me observan al vuelo con una mezcla de temor y fascinación. Soy un símbolo en el cielo sin significado tangible. Ella se detiene a la orilla del lago y yo desciendo poco a poco, dando volteretas como una pluma, aterrizando en la realidad súbita de una voz que me cuestiona.

“¿Cuándo fue la última vez que sintió el terremoto?” pregunta el doctor. Las palabras vibran a través de mi madera como golpes consecutivos de martillo.
“Anoche” contesto. “Fue horrible. El suelo se fue, muy lejos, y regresó en una ola de destrucción. Las casas volaron en pedazos. Los únicos sobrevivientes fueron los muñecos de trapo.”
“Trapo” dice el doctor. La rana en su hombro me mira estupefacta. “Yo también fuí de trapo…” dice con su vocecita apenas audible.”Hm-hmmm… ¿Estrellas fugaces?” pregunta sospechoso.
“Se han ido” reporto tristemente.

El doctor escribe jeroglíficos con salsa de soya sobre un pergamino de papel arroz. Llega una racha de viento heladísima, y me vuelvo hacia los Alpes al norte, dirigiéndoles una agria mirada acusatoria. A pesar del frío el sol brilla intenso, y temo que el hielo bajo nuestros pies se quiebre bajo el peso del escritorio y nos precipitemos hasta el fondo a través del zafiro líquido del lago.

“Por aquí por favor”. El doctor me dirige a la mesa de examinación. Me acuesto mientras él mueve una lámpara sobre mi cara. La luz me ciega y por un instante estoy parado sobre rieles de cara a un tren que se aproxima bufando furioso en medio de la noche. Parpadeo para regresar. Pasa una cabeza mecánica por encima de mí, de la frente a los pies, y de regreso. La cabeza se ladea y se rasca confundida. Luego continúa. En una pantalla gigante se proyecta mi interior. Varias personas observan en sus asientos, comiendo palomitas, señalando la imagen y haciendo comentarios de vez en vez. De pronto todos exclaman entusiasmados ante la última proyección: justo en el centro, bajo mis costillas, hay una gran boca que se abre y cierra, entretejiendo hilos de baba entre sus dientes afilados.

“Respire hondo”. Respiro una primavera completa con polen y mariposas, flores endémicas y frutas verdes que empiezan su camino a la madurez bajo la luz del sol.

Exhalo un hálito de hojas muertas.

“Muy bien” dice el doctor. “De nuevo…” Respiro un océano verdeazul que vibra con las canciones de cetáceos milenarios. Entre los rayos de luz que se pierden en la obscuridad de su fondo se vislumbran verdades de sirena que observan a una distancia segura.

Exhalo un río de polución aceitosa.

“Respire normal.” El estetoscopio trepa por mi espalda aferrado a mi piel con sus piernitas de insecto, mientras el doctor sigue escuchando atento. “Tiene usted remolinos de fuego en los pulmones,” me dice, “lo que ocasiona un intenso deseo por lo imposible. Eso se apaga por sí sólo, poco a poco. Pase para acá por favor.”

Mi piel expuesta dentro de una esfera de acero. Docenas de finos cables se extienden desde mi superficie hacia las paredes, adheridos por hojas de yerbabuena pegadas con cera a mi cuerpo, a mis brazos, a las puntas de mis dedos. El doctor ha dibujado una rosa sobre mi frente. Puntos de luz van y vienen por las fibras. En la pared de metal se abren grandes ojos soñolientos, se sumergen de nuevo contra el fondo gris. Y empiezo a recordar. Por mis extremidades empieza a colarse un calor blando que se dirige a mi centro y me retiene, me impide desbocarme en mis memorias. Me dejo llevar. Vuelan las luciérnagas de nuevo, las paredes se transforman en la jungla. El tibio resplandor en mi interior ha invadido hasta el último rincón. Duermo.

Sentado tras el volante, en el estacionamiento, no puedo resistir. Tomo el sobre que no debería de abrir y lo rompo por un extremo. Saco el papel dirigido al especialista y lo leo. Mi corazón tropieza, cae, se levanta, sigue andando bajo este cielo gris plagado de gaviotas improbables en medio de la ciudad. Grandes gotas de lluvia empiezan a golpear el parabrisas, se deslizan laterales, como las lágrimas que van llenando mis ojos y me impiden ver más.

“El interior del paciente demuestra daños por nostalgia aguda e irreversible. La conciencia es pedregosa, ocasionando bloqueos intermitentes en el flujo de los sucesos. Se detectan remolinos de fuego en los pulmones, causando intensas pasiones episódicas. La morfología del pensar es hipertrófica, predominantemente humanista, con elementos de amargura ocasionando delirios temporales. Prognosis es incierta. Cabe notar que en su noche aún quedan estrellas.”

~A.V.